miércoles, abril 25, 2007

Mamá, mamá, de mayor quiero ser...

Me he apuntado a un taller de creación literaria y estoy muy ilusionado con él.

Sé que es una locura, sé que suena adolescente, sé que debería olvidarme de ella, mirar a la realidad y ponerme a estudiar más en serio para promocionar, pero mamá, mamá, de mayor quiero ser escritor.

Mi trabajo me aburre, me agobia. Me hace sentir tan vacío como las botellas de los contenedores de vidrio. No me satisface intelectualmente.

A veces tengo la cabeza cargada de imágenes, de personajes que me piden paso. Siento un pequeño orgasmo (mitad desahogo, mitad placer) cada vez que tecleo y les doy forma en la pantalla del ordenador. Además me ayuda a evadirme, y a sentir menos tu ausencia.

Si no lo intento y dejo de escribir, tal vez en un futuro me lo reproche.

jueves, abril 19, 2007

Encadenado

Lo primero que hago en cuanto llegó a una casa de un conocido es mirar qué libros tiene. Dime que libros lees y te diré quien eres.

Ali & cia me ha propuesto que diga que copie el segundo párrafo la página 139 del libro que estoy leyendo ahora mismo y como soy un chico obediente lo copio.

- Cuando me liberaron- prosiguió Markovic- iba con otros, en un camión... Apenas nos dijimos nada. Ni nos mirábamos siquiera. Avergonzados. Sabíamos cosas unos de otros, ¿comprende?... Cosas que queríamos olvidar.

Se trata del Pintor de Batallas de Arturo Pérez Reverte.

No sé quien ha de seguir esta cadena, así que me limitaré al puro azar. Que la sigan mis cinco primeros enlaces pares, es decir, Istharb, Memen, Boneca do gelo, Mordandis y Cenicienta. No va a haber maldición si no la siguen. Se trata de simple curiosidad. Nada más.

domingo, abril 15, 2007

domingo, marzo 25, 2007

La relatividad del tiempo

Ya tenías encendido el fuego, porque confiabas en que la cacería que hicimos los de la tribu hubiera salido bien y regresáramos con carne fresca para la cena. La visión de tus pechos de vasija de barro recién modelada, que se insinuaban bajo la túnica blanca casi transparente que compraste días atrás a los mercaderes fenicios, despertó mi deseo, aletargado por el tedio del cursum honorum a que me obligaba mi toga de ciudadano romano. Me miraste a los ojos y pude olvidar en tus pupilas bárbaras todo lo que nos costó conquistar Hispania, aunque aún quedaban algunos suevos que expulsar de nuestros nuevos territorios.

Nada importaba, cuando acariciba tu piel que pronto abandonó el arrianismo, ni siquiera la derrota de Guadalete ni que tuviéramos que emigrar de nuevo, esta vez, a las montañas del norte, donde los osos aún mataban reyes. Mientras besaba tu cuello de cristiana me prometía a mí mismo, que en una de las razzias de la próxima primavera, te traería esos aceites que utilizaban los sarracenos para llenar los estanques de los harenes de los califas de Córdoba en los que flotaban pétalos de rosa y lujuria. Aunque pronto partiría para las Indias, no quería irme sin que antes mis manos se redondearan con tus pechos ni saborear tus pezones, para no olvidarme de ellos mientras combatía a bordo de un galeón de nuestra señor don Felipe contra los piratas herejes de la pérfida Albión y que tanto añoraba cuando sentía el viento del Caribe en mi cara. Seguramente el Santo Oficio si conociera mis pensamientos, me condenaría por pecador y ardería en el infierno, pero mi boca estaba sedienta de labios, de lengua, de saliva, de palabras. Para mí ya era suficiente condena no tenerte siempre cerca.

Me gustabas más, lejos de los aduladores de la Corte, sin miriñaques, parabienes, ni pelucas. Si verte por fin desnuda significaba ser revolucionario, estaba definitivamente en contra de las cadenas y me pronunciaría con Riego. Me preguntaba si todos los demás socios del Casino, habrían visto alguna vez a sus mujeres desnudas. Aunque vosotras ya pudiérais votar, estaba convencido de que muchos os veían como la reencarnación del mal, que media España identificaban con el pañuelo rojo que antes de que te quitara el mono proletario, llevabas al cuello.

Los bombadeos ya habían terminado, pero para mí Madrid era una ciudad triste, llena de seminaristas, funcionarios venidos de provincias y pensiones de sopa fría, que solo se alegraba cuando se vestía de minifaldas y cantautores que se preguntaban en sus canciones que para qué tanto odio, si lo único que importaba es un muslo de mujer, como el que tenía entre mis manos, mientras me aproximaba a tí para que pudieras sentirme dentro. Tus suspiros me colocaban más que con cualquier otra droga de las discoteca donde los demás bebían cubatas y se tintaba el pelo de colores, enamorados de la moda juvenil, aunque la ciudad estuviera completamente en obras y dentro de unas horas saliera el avión que me llevaría de nuevo a la Fortaleza.

viernes, marzo 23, 2007

Sé que no son horas

Sé que no son horas (las 2:01 am), que debería estar durmiendo y no escribiendo este post, que el móvil (cabrón) me despertará alrededor de las siete y media y que mañana no me caeré al suelo de sueño porque los bostezos me sujetaran, pero esta noche no puedo dormir si no me acerco a ti y busco tus pechos bajo el pijama.

Me gustaría cerrar los ojos, pronunciar lentamente tu nombre para invocarte y que cuando los abriera estuvieras aquí, en mi casa, en mi cuarto, en mi cama, dormidita, y que pudiera sentir tu respiración tan cerca como otras noches.

No quiero que te despiertes, porque sé que acabarémos arrancándonos la ropa y los suspiros, pero estaba esta noche dando vueltas entre las sábanas sin poder dormir, me he levantado, he encendido el portátil y he conectado internet porque la malvada ama de llaves de tu ausencia no me ha dejado que me acerque a tí para acariciarte los pechos bajo el pijama, mientras siento que se dibuja una sonrisa en tus labios, se acerca sin hacer ruido el sueño y te susurro buenas noches, hayati.

miércoles, marzo 21, 2007

Filomena, Filo, Fi

Filomena, Filo, Fi, tortuguita de ojos verdes, verdes, verdes, y mirada triste. A veces me gustaría ser una tortuga como tú y esconderme dentro del caparazón.

Esta mañana en el trabajo vino una argentina con una tacita, un tubito de tomar mate y un tarro de dulce de leche. Yo le había arreglado los papeles que habían estado anclados en algún puerto pirata de la burocracia, durante cinco años, hasta que conocí su asunto y me dije que tenía que intentar solucionarlo de alguna manera. Cuando le dí la noticia a la mujer de que sus papeles ya estaban listos, me prometió que me traería un regalo para agradecérmelo. Le contesté que no, que no hacía falta, que era mi trabajo y que ya me pagaban y bien por ello. La mujer insistió muchas veces. Quería que probara el dulce de leche argentino. Yo le decía siempre que no, que muchas gracias, que para mí ya era suficiente recompensa verla a ella feliz, porque era consciente de todo lo que había tardado su expediente y ya suponía para mí suficiente satisfacción saber que por fin había terminado todo para ella, y que mi trabajo en realidad servía para algo. Un vigilante de las oficinas donde trabajo que pasaba por allí escuchó nuestra conversación y dijo que si yo no quería nada, que él aceptaba cualquier regalo. La mujer se despidió de nosotros diciendo que en unos días volvería a vernos.

Esta mañana, Filomena, Filo, Fi, tortuguita de ojos verdes, verdes, verdes y mirada triste, vino la señora muy sonriente con una tacita, un tubito de tomar mate y un tarro de dulce de leche argentino y me pidió que si le podía hacer el favor de...

Antes de que terminara la frase y viendo lo que llevaba en la mano, le dije que no hacía nunca, que no me gustaban esas cosas, pero que por ser ella y saber que lo hacía de todo corazón, lo haría, pensando que el favor consistía precisamente en no despreciar su regalo y aceptarlo por todo lo que yo había hecho por ella, porque si no sentiría que la estaba insultando.

- Genial - exclamó más sonriente que al principio- Entonces cuando veas al vigilante del otro día, dale ésto de mi parte, que le prometí que lo traería.

Esta mañana quise tener los ojos verdes, verdes, verdes (la mirada triste ya la tengo) y un caparazón de tortuga como tú, y esconderme, huir de la injusticia del mundo, y de la prisión de mis palabras. No, no los quiero, no me importan la tacita, ni el tubito de tomar mate ni el tarro de dulce de leche argentino, no me gusta que nadie me regale nada por mi trabajo, lo hago porque es mi deber, es una regla de mi bushido urbano occidental particular. No me preocupa tanto haberme creído que eran para mí, por todo lo que hice por esa señora sin que durante cinco años a nadie le importara su asunto, sino que me preocupa un mundo en el que un vigilante que tan sólo pasaba por allí un día que yo le comentaba a una argentina que sus papeles ya estaban listos, y a quien, en cuanto le ví esta mañana, le dí la tacita, el tubito de tomar mate y el dulce de leche, haciendole un último favor a la señora, me preguntara:

- ¿Y no ha traido un poco de mate?

Incomuni- Kaos (II)

La causa de la incomunicación ha sido la ruptura por causas desconocidas del cable de fibra óptica submarino a cinco kilómetros de la Fortaleza.

La situación a día de hoy es la siguiente:

a) Funcionan los móviles, aunque a veces se va la cobertura.

b) La línea de los teléfonos fijos funciona perfectamente entre llamadas urbanas, pero con las llamadas a la Península, la línea se colapsa a menudo.

c) El Adsl no funciona y los modems tradiconales, depende del colapso de la línea. Sí que funcionan las tarjetas PCMCIA como la que utilizo yo para conectarme a Internet, porque es por telefonía movil.

d) No funcionan las tarjetas de crédito y la gente no para de sacar dinero de los cajeros porque teme que en algún momento dejen de funcionar.

e) No se puede echar la quiniela, ni la bonoloto, ni la primitiva.

Para reparar la fibra óptica tiene que llegar un barco francés especializado desde Marsella y se calcula que se tardará entre ocho y doce días en restablecer completamente las conexiones.

Se despide, devolviendo la conexión a los estudios centrales, Oren, enviado especial en la Fortaleza.

martes, marzo 20, 2007

Incomuni- Kaos

(Homenaje a los cachondos periodistas ingleses que publicaron en el Times el titular Tormenta en el Canal, el continente aislado).

Ayer alrededor de las tres de la tarde, por un fallo en la fibra óptica de la Fortaleza, la Península quedó completamente aislada de nosotros. No podíais poneros en contacto con nosotros ni por móvil, ni por telefonía fija, ni por internet. Debido al mal tiempo, ni siquiera llegaban vuestros aviones, y eso significaba que no había ni prensa ni correo. Ante la falta de noticias, a pesar de que ni la radio ni la televisión decían nada al respecto, muchos de los habitantes de la Fortaleza se preguntaban si estabais en peligro. Os encontrabais completamente indefensos ante una eventual invasión por parte del ejército de Andorra o de un golpe de Estado de integristas extraterrestres que, sin duda, estaban en la clandestinidad, esperando su oportunidad y habían tomado los principales medios de comunicación para evitar que nos enteráramos y que corriéramos en vuestra ayuda.

Cuando en torno a las dos de esta tarde, han empezado a restablecerse las comunicaciones, y hemos comprobado que estabais todos bien, la ciudad entera ha respirado aliviada. No os podéis ni imaginar la impotencia que suponía para nosotros saber que estabais incomunicados y que no podíamos hacer nada por evitarlo. Por si acaso ocurriera otra vez, quiero deciros en nombre de todos los habitantes de la Fortaleza, que os queremos mucho y que os pase lo que os pase, siempre estaremos a vuestro lado.

sábado, marzo 17, 2007

Yo para ser feliz quiero....

... una tarjeta de embarque.

Dentro de un par de horas cojo un avión a Madrid.

Algún día no tendré billete de vuelta.

viernes, marzo 16, 2007

No he cambiado de opinión

Últimamente me acuerdo de una amiga que se fue el año pasado de la Fortaleza. Lo que más temía antes de marcharse era si podía apañarse con el sueldo de la Península (ochocientos euros menos). Se llevaba a sus dos hijas y al coche, que cuando ya tiene unos años gasta más que las malas de una telenovela. Al principio sólo éramos unos compañeros de trabajo más, pero con el tiempo nos fuimos acercando porque encontramos los temas comunes de la literatura, el desamor y los viajes. Recuerdo que yo la animé mucho para que se largara de aquí, porque al hablar con ella me daba cuenta de que lo deseaba pero no se atrevía.

Ayer le mánde un e-mail, preguntándole que tal se apañaba en la Peni, porque sentía que me afixiaba aquí y estaba pensando seriamente en irme. Me ha contestado diciéndome que se apaña bien, aunque no puede malgastar como hacíamos aquí, y que entiende perfectamente lo que siento porque no todos servimos para ser egoístas burgueses. He apuntado en un papel las razones para quedarme y no me convencen porque me parecen todas demasiado materiales. Creo que ya he cumplido los objetivos que me plantee antes de venirme (demostrarme a mí mismo que soy autosuficiente y conocer otra cultura) y empiezo a recorrer con un dedo de nuevo el plano de metro de los sueños.

Supongo que seguiré estos días dándole vueltas a lo mismo, hasta que tome definitivamente una decisión, pero sonrío con la idea de pensar que me quedan unos cuantos meses en la Fortaleza en los que pienso disfrutar de la ciudad, bebiéndome su alma en una copa de cristal.

jueves, marzo 15, 2007

Sin remite

La Fortaleza quince de marzo del dos mil siete

Amor mío:

Si hoy me pasaras el dedo por la piel, te lo mancharía de tristeza.

Siento que debo irme. Ha llegado la patada en el culo del presente. Mi tiempo en La Fortaleza ya se ha acabado. Las ninfas y los duendes que me acompañan, se vuelven de nuevo a la Ciudad a columpiarse en los semáforos y a comprar de rebajas en el Corte Inglés. Me ahogo: cierro los ojos y las líneas negras del futuro convergen ante mí. Me doy miedo, me estoy convirtiendo en lo que no quiero. Soy un nómada que se ha comprado una casa en el primer lugar al que ha llegado porque ha vendido sus camellos en el zoco. Mi único motivo por el que merecería la pena continuar aquí es porque me parece el camino más cómodo. Aquí lo tengo casi todo (me faltas tú) y creo que apenas tengo nada. Mis bolsillos están llenos de arena y la nevera de piedras. Soy una vela ardiendo sola en medio del desierto que no para de contar estrellas, una geisha que está olvidando su educación y dice tacos lejos de la Corte imperial, una paloma mensajera avergonzada porque ha perdido el mensaje de la patita, una madrágora con silueta de niño que han arrancado del suelo y que no para de gritar.

Últimamente me sorprendo a mí mismo, haciendo comentarios negativos de la Fortaleza, maldiciendo su doble cara (una mirando al mar, otra mirando a Marruecos), que me está partiendo en dos. La lógica de los números y las cuentas corrientes me dice que me quede, pero mi corazón está ardiendo como un bidón de gasolina junto al que los mendigos beben vino barato. Quiero correr pero mis piernas se enredan en la sirga de la alambrada.

Te echo mucho de menos, miguita de pan, casita de chocolate, bolita de algodón, angelito constipado, pero no es por tí por lo que quiero marcharme.Tú me indicas el destino, pero no el camino. No puedo evitarlo: soy un ser anónimo de ciudad, un tiradete de barrio, un número más en las estadísticas de las calles, una pintada en los cuartos de baño de la Universidad, que si no se va, firmará el parte de defunción de sus sueños. Aún me quedan unos cuantos meses en la Fortaleza, en los que haré las paces con ella, pero si me quedo mucho más sé que me escupirá a la cara.

No quiero que te hagas ilusiones, no quiero prometerte nada. Quizá mañana cambie de opinión. Siempre iré donde me lleve el viento.

miércoles, marzo 07, 2007

Kanebghik hayati

...

¿La felicidad es ésto?

El viernes pasado, después de trabajar, me fui a tomar unas cañas y a tapear con mis amigos/compañeros. Era el primer fin de semana después de cobrar, en el que además me pagaron mi primer trienio, y todos teníamos dinerito fresco en los bolsillos. Contamos chismes, tonterías, pusimos verdes a los jefes y nos reímos con las gracias de unos y otros. Después nos fuimos a un bar de copas, donde continuamos con la juerga, atraviéndose algunos hasta a romper nuestros tímpanos con canciones de cuando aún nos alimentábamos de ilusiones en el karaoke. Cuando anocheció me fui a cenar con mi mejor amigo de aquí a un restaurantes de la Fortaleza donde unos camareros musulmanes nos trataban de usted, nos reían las gracias y además cuando le pedí fuego a uno de ellos porque no sabía donde había puesto el mechero, me lo regaló. Nos sentamos en la terraza, desde la que se veía el mar a la luz de las velas, con la luna casi llena en todo lo alto, mientras teníamos una charla agradable. El menú fue un plato de angulas, gambas a la plancha y unas cigalas acompañadas de una botella de buen vino blanco. Nos cobraron por todo ochenta y tantos euros, a los que ni mi amigo ni yo dimos la más miníma importancia.

Me volví a casa andando, ya que las distancias no son muy grandes en la Fortaleza, y cuando como siempre, me encendí el mp3, se terminó la batería. En el camino me dió por preguntarme en si la felicidad era lo que había vivido las últimas horas y mi respuesta fue que no. Si tanto mi amigo como yo no tuvimos ningún inconveniente en pagar ochenta y tantos euros por una cena, en la que además nos quedamos con hambre, es que algo no va bien.

Cuando estudiaba oposiciones, a pesar de las miles de limitaciones que tenía, en líneas generales me sentía más feliz, porque aunque no tenía nada estaba orgulloso de mí mismo. Tenía un objetivo (aprobar y hacer realidad mis sueños) y cada hora que pasaba sentado junto a los apuntes me acercaba más a él. Ahora tengo trabajo, un buen sueldo, una casa y una novia maravillosa, a la que por desgracia sólo veo un fin de semana al mes y, en cambio, tengo a veces esos días en los que siento que la felicidad no es ésto.

Para ser feliz necesitas un sueño al que perseguir con una cazamariposas y en cuanto lo atrapas y lo sujetas con una alfiler en tu colección, desaparece como las huellas de los muertos en la arena de la playa y necesitas salir de nuevo en busca de otro. Son los sueños los que mueven el mundo.

lunes, febrero 26, 2007

Lejos de Madrid

Estaba muy cansado cuando me subí al taxi, un Mercedes blanco con propaganda turística de la Fortaleza en el lomo. El conductor tenía ganas de cháchara, se quejaba del tráfico, del viento, y en cuanto llegamos a mi calle me preguntó que si era familia de los dueños de una tienda de musulmanes donde suelo comprar el pan. Como le dije que no, que no sólo no era musulmán si no que ni siquiera era de la Fortaleza, volvió a insistir con otra pregunta:

- ¿De dónde eres?

Apenas había dormido. La noche anterior me acosté alrededor de las tres, y me había levantado muy pronto para marchar al aeropuerto con tiempo. Una de mis peores pesadillas es perder el avión y quedarme tirado. Me encanta viajar y generalmente cuando viajo, a diferencia de mi vida diaria, no suelo tener planes preconcebidos ni horarios. Me dejo llevar por mis impulsos, improvisando en cada momento lo que voy a hacer el siguiente. En cambio, no soporto llegar con el tiempo justo a un aeropuerto. Además, así aproveché para leer Milenium de Carvalho de Vázquez Montalbán y recordar un poco el fin de semana, lo insaciables que somos los dos y lo a gusto que voy sintiéndome poco a poco en Madrid.

Como te dije en cuanto nos conocimos, tenía una deuda kármica que pagar con aquella aterradora ciudad de paso en la que me sentía con una boina invisible en la cabeza, con aquella ciudad invisible con cuyos habitantes de mirada esquiva me cruzaba en los vagones del metro, con aquella ciudad antipática como una rubia presumida que sólo te da dos besos cuando le interesa lo que tienes en la cuenta corriente.

Pero tú sientes a Madrid profundamente, como una enfermedad infantil contagiosa y yo poco a poco veo como me van saliendo manchitas y granos en la piel. Ahora veo a Madrid como una madre que ha adoptado a tantos niños de todo el mundo, que aunque quisiera, no puede dar cariño a todos, pero no por eso va a dejar de ser tu madre, y no por eso, si te acoge, vas a dejar de quererla. Todavía no sé cuando, pero creo que quiero irme a vivir a Madrid.

- ¿De dónde eres?- me preguntó el taxista

Ahora entenderás porqué le dije que de Madrid.

martes, febrero 20, 2007

Los placeres de la miseria espiritual

Durante muchos años, mi vida se vio reducida al reino de las cuatro paredes del cuarto de la casa de mis padres. Me sentía un niño bueno a quien su madre peinaba a raya para ir a misa los domingos, limitándome a estudiar porque era lo que tenía que hacer. Sacaba buenas notas en el colegio, después en el instituto, terminé una carrera y aprobé unas oposiciones. Aunque salía los fines de semana, y bebía, fumaba y salía con mujeres, siempre he sabido donde estaba el límite. Como no trabajaba y tampoco mis padres disponían de mucho dinero, me conformaba con poco mientras iba comprendiendo que lo importante no estaba en lo material, sino en lo espiritual, en el interior de cada uno de nosotros. Me alimentaba de sueños, aunque engordan tan poco que nunca tuve la curva de la felicidad en mi estómago.

Pero un día me cansé de mi vida anterior de monje budista que apenas había saboreado el pecado, y a las doce de la noche de un domingo de octubre me subí a un tren rumbo a la Fortaleza, donde poco a poco me fui dejando llevar por el lado oscuro de la vida, aferrándome a la forma y al tamaño del deseo. Mi única religión era el quiero, quiero, quiero, quiero, quiero, quiero, quiero, quiero, quiero, quiero, quiero, quiero, quiero, quiero, quiero, quiero, quiero, quiero, quiero, quiero, quiero, quiero, quiero, quiero, quiero,quiero, quiero, quiero, quiero, quiero, quiero, quiero, quiero, quiero, quiero, quiero, quiero, quiero, quiero, quiero, quiero, quiero, quiero, quiero, quiero, quiero, quiero, quiero, quiero, quiero, quiero, quiero, quiero, quiero, quiero, quiero, quiero, quiero, quiero, quiero, quiero, quiero, quiero, quiero, quiero, quiero, quiero, quiero, quiero, quiero, quiero, quiero, quiero...

En cuanto cobraba me sentía empujado por el más puro consumismo: lo importante era gastar. sobre todo en cosas que no iba a utilizar nunca. No me privaba absolutamente de nada, pero cuanto más utilizaba la tarjeta de crédito, más miserable me sentía y más me hundía en el escepticismo, hasta que comprendí que no es más feliz quien más tiene, sino quien menos necesita.

No he nacido para calzarme un taparrabos y arrojarme a las calles para disfrutar de la pobreza ni me siento capaz de renunciar a todo por lo que he luchado en esta vida, pero envidio al niño que fui, tan disciplinado, que se entusiasmaba con los cuentos de hadas y que se conformaba con tan poco. En el fondo se trata de asumir que lo material te sirve para vivir y no vivir para lo material.

En fin, lo dejo, que Max, me estoy poniendo estupendo.

Amores de blog

Sé que a veces soy como una sombra que desaparece por la noche en callejones sin luz. He escrito muy poco las últimas semanas, pero necesitaba metabolizar todo lo que últimamente he vivido.

Al igual que dos blogeros a los que leo habitualmente, me he enamorado de una chica que escribe otro blog. La leía desde enero del año pasado y salvo unos cuantos comentarios en su blog y en el mío, no teníamos ningún tipo de contacto, pero en el mes de agosto uno de sus post me emocionó un montón porque me sentía muy identificado, se lo dije, me contestó, me dió su e-mail, empezamos a escribirnos, después a hablar por el messenger, y como yo me iba unos días de vacaciones, me dió su móvil para no perder el contacto, nos mandamos sms, luego hablamos por teléfono (me encantó su voz ya desde la primera vez que la oí) y al final necesitamos conocernos.

Todo empezó de la manera más inocente. Por entonces me encontraba enterrado en las profundidades de un amor frustrante que me estaba desangrando. Normalmente, salvo en los posts, soy distante y a veces hasta borde e intento parecer un poco bohemio, con ciertos rasgos de intelectual maldito. Es dificil que
me abra a los demás, y que cuente lo que ocurre en mi interior. Sólo los que me conocen muy bien, saben que en el fondo soy un sentimental, si bien ninguno de mis amigos sabe que escribo este blog. Aunque no estoy muy seguro porqué (supongo que ya necesitaba desahogarme), me desnudé sentimentalmente delante de ella desde el principio. Ella por su parte fue rompiendo todos y cada unos de los códigos de la seducción. Hizo todo lo que una mujer no debe hacer si pretende conquistar a un hombre (a la mierda todos los manuales), y apenas tres semanas desde el primer e-mail consiguió que nos besáramos por las calles de Madrid.

Desde entonces camino
sonámbulo por la vida, dejándome llevar, sin pensar apenas, limitándome a sentir y dividiendo los días entre los que estoy con ella y los que me falta para estar con ella. A veces me dice que la quiero sólo porque me hace cosas malas y como no puedo evitar ser un borde le contesto que tiene razón, pero un día, estando los dos en mi casa de la Fortaleza, lloré como un gilipollas delante suya. Sentía que ya estaba preparado para buscar la luz del otro mundo porque había conocido la felicidad, ese hada caprichosa de alas doradas y pechos desnudos que muchos piensan que se esconden en los billetes de quinientos euros.

A diferencia de los otros dos blogueros, nosotros mantenemos el anonimato. Escribo en su blog, con mi nombre de forma neutra, como si fuera uno más que la leen, y con un pseudónimo cuando quiero decirle algo más romántico. Y ella hace lo mismo en mi blog. Reconozco que a veces estoy tentado de desvelar su identidad. No sé, no sé.

¿Lo hago, no lo hago?

miércoles, febrero 14, 2007

El día de los enamorados

Me encanta esa frase que sueles decir de que bonito es el amor cuando es correspondido, porque si no es una puta mierda.

Recuerdo que la primera vez la dijiste cuando nos besábamos como los dos empalagosos que éramos por las calles incompletas de sueños de Madrid. Teníamos hambre del otro. Era, si no me confundo, la segunda vez que nos veíamos y aún nuestros cuerpos se estaban conociendo y no podíamos dejar un rincón, un portal, un banzo, un escalón, un semáforo sin convertirnos en uno. Las agujas de los relojes se caían en pedazos desde la torre de todos los ayuntamientos porque el tiempo ya no importaba. Tampoco hablábamos nada. Pegamos una patada en el culo por inútiles a las palabras, esos piojos negros cargados de significado. El amor era entonces un felino suicida que arrancaba con prisa la ropa, rasgándola, convirtiéndola en jirones de naufrago, y que ciego por la venda que tenía en los ojos obecía únicamente al instinto de la pasión.

Han pasado casi seis meses desde entonces y el felino ahora es un animal doméstico, un gato, cariñoso y juguetón que ya no muerde, que cuando te desnuda deja la ropa dobladita en una silla y que invierte en bolsa, habla de hipotecas, se peina con la raya a un lado y que cuando tiene sueño bosteza por el móvil.

Pero aunque se me hayan caído los dientes te quiero más que ayer pero menos que mañana. Te necesito como los océanos de los mapas necesitan al color azul. Sin tí me sentiría como un borracho ante la puerta de un bar cerrado. Sería un número primo en una fiesta de números pares, una canción sin estribillo, un alfabeto sin letras, una caricia en el vacío, un feo poeta francés del siglo XVII sin nariz.

A veces te echo de menos, pero en seguida se me pasa, porque al fin y al cabo tan sólo estamos a una hora y media de avión y a unas cuantas paradas de metro.

Un besito

Ciao, ciao.

Yo tenía un blog...

Yo tenía un blog.
Lo recuerdo.
Y creo que solía escribir en él.
Pero la VIDA me absorvió y me olvidé de darle de comer. Veo que aquí, sigue, recostado en una esquina, medio moribundo, con un plato de mendigo, donde algunos habeis dejado un poco de limosma. Le he puesto una sonda de palabras para que engorde un poquito, que se me está quedando esmirriado.
Supongo que si el mundo fuera más justo, me habrían quitado su custodia, pero como sabemos que el mudno es a veces un poco hijo de puta ( tanto que debería algunas noches irse a dormir sin ver la tele), aquí estoy a su lado, arrepentido, pidiéndole perdón por mi ausencia.
Pobrecito blog.
Ya sé que debería estarle más agradecido, al fin y al cabo, la conocí a través de tí.
Yo tenía un blog.
Y ella tenía otro.
Y solíamos leernos.

viernes, enero 26, 2007

Cumpleaños triste

Hoy es tu cumpleaños y estás triste.
Me has comentado muchas veces cuales son las razones por las que estás triste, y aunque a tí te parecen insalvables, tienes que empezar a superarlas. No sirve de nada encadenarse al pasado y dejar que el buitre de la desesperanza te coma el hígado. Me temo que necesitas una patada de sueños en el culo, obligarte a que tu mano firme de una vez la sentencia de muerte a la tristeza y a que la sacrifiques con un cuchillo de obsidiana para que mañana vuelva a salir el sol.

Hoy es un buen día para que empieces a mirar a la vida con otros ojos. La vida es un susurro, un pedacito de viento, un castillo de arena que derriban las olas del tiempo, un salto con los ojos cerrados a un precipicio sin fondo. Estar triste el día de tu cumpleaños es escupir a la vida, condenarte a que en las calles de tu ciudad sea siempre otoño, arrastrarte desnuda de ilusiones por los vagones del metro.
Sonríe aunque pienses que no tengas motivos, siéntete estupidamente feliz, y empieza a nadar en busca del futuro que tanto deseas porque vivir merece la pena, aunque sólo sea por curiosidad.

sábado, enero 06, 2007

He vuelto

Después de unos cuantos días sin escribir, ni leer blogs he vuelto.

Echaré un vistazo a los blogs y actualizaré el mío dentro de poco.

Feliz año a todos los que me leeis.